La moda y nuestra responsabilidad con el medio ambiente

¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para mejorar el mundo y aportar nuestro grano de arena?

Fuentes:

http://www.economiadigital.es/tecnologia-y-tendencias/ropa-usada-industria-textil-inditex_406842_102.html

http://gansossalvajes.com/reto

La moda ahora es ‘fast fashion’. La producción textil mundial, liderada por marcas como Zara y H&M, se ha duplicado en una década y media, y cada año se producen 100.000 millones de prendas. Ya no hay dos colecciones anuales, sino que tiendas renuevan sus presentaciones cada pocas semanas, lo que lleva a una fiebre de consumo y a que los armarios tengan muchas más camisas, pantalones o chaquetas de las que finalmente se usarán.

El negocio textil, desde el punto de vista financiero, marcha con viento en popa. En 2002 facturó un billón de dólares, en 2015 llegó a 1,8 billones, y para 2025, se calcula que superará los 2,1 billones, según el informe de GreenpeaceTimeout for fast fashion’. La contrapartida, a nivel de consumidores, es que las personas en el mundo occidental compran un 60% más de ropa que a principios de siglo, pero la vida útil de las prendas se ha reducido a la mitad.

El impacto ecológico de la expansión textil

Las consecuencias medioambientales de esta explosión textil tienen un gran impacto. Esta industria es la segunda más contaminante de mundo. Pese a que las grandes empresas han eliminado muchos elementos químicos peligrosos de sus fábricas, su producción implica la generación del 3% de todo el dióxido de carbono del mundo, unas 850 millones de toneladas.

El 60% de las prendas tienen poliéster, que tarda décadas en biodegradarse

Hay un elemento que es responsable de este incremento: el poliéster. Esta fibra ha contribuido a que el precio de la ropa sea cuatro o cinco veces menor que hace dos décadas, hasta llegar a los casos ridículos de camisetas a cuatro euros. O menos. El 60% de las prendas se fabrican con este material, que ha generado tres veces más dióxido de carbono que el algodón (282.000 toneladas frente a 98.000 toneladas). Y el poliéster tiene un grave problema: no se degrada fácilmente.

Cada español se desprende de siete kilos de ropa por año, o sea, un total de 326.000 toneladas anuales. Mucho más tiran en Alemania o el Reino Unido, con un millón de toneladas anuales, y Estados Unidos lidera el listado de ‘fast fashion’ con 13 millones de toneladas de prendas arrojadas de los armarios.

Con buena voluntad, millones de personas la depositan en contenedores de ONG’s a la espera que sus camisetas y jeans tengan una segunda oportunidad. Pero no siempre es así. Las estadísticas de un estudio realizado por la Universidad de Delaware indican que 4,3 millones de toneladas de ropa usada se exportaron desde EEUU, Alemania, Reino Unido y otros países desarrollados a India, Pakistán y Rusia. Estos estados no son el destino final, sino que allí se reprocesa y vuelve a exportar a África. Pero apenas el 30% sirve para volver a ser usado: debido a la pérdida de calidad de las prendas, el 70% restante se recicla como paneles de aislamiento térmico, trapos, relleno de moquetas o tejidos para maleteros de coches.

Pero vender ropa usada al Tercer Mundo apenas es buen negocio: el traslado en barcos (que generan una contaminación que supera en más de mil veces al de los coches) de cientos de miles de prendas usadas inservibles es tan caro que no sale a cuenta fabricar esos productos con telas recicladas.

La ropa nueva es tan barata que muchas organizaciones que las venden en mercadillos de segunda mano ven que su negocio ya no marcha como una década atrás. Si una chaqueta de Zara, Primark o H&M en época de rebajas apenas es más cara que una tienda de ropa usada, muchos consumidores no lo piensan dos veces.

El mismo principio se aplica en países del Tercer Mundo que solían ser receptores de prendas de segunda mano. La llegada de esta ropa destruyó sus industrias textiles cuando se levantaron las barreras proteccionistas, pero ahora les sale más a cuenta comprar ropa nueva importada de China que adquirir vestidos o chaquetas usadas.

“Si la calidad de la ropa es cada vez peor, la demanda de los mercados internacionales es cada vez menor, y la tecnología de reciclaje no termina de despegar, tendremos una crisis en el mercado de la ropa usada. Y no habrá lugar en el mundo para depositar tanta ropa vieja”, dice Alan Wheeler, director de la Asociación de Reciclaje Textil del Reino Unido a la revista Waste Management World.

¿Qué puedo hacer yo?

  1. Regalar la ropa que ya no necesito o quiero
  2. Reciclar en trapos para limpieza
  3. Reciclar para otros usos: bolsos, bolsas de la compra, bufandas o fulares…
  4. Estirar la vida de las prendas lo máximo posible sin tener en cuenta la moda
  5. Prestar ropa que se usa menos como la deportiva (esquí, neoprenos…), de fiesta u ocasiones especiales
  6. Cuidar las prendas para que duren más y aprender a coser botones
  7. Comprar solamente lo realmente necesario
  8. Comprar prendas de una sola materia prima, preferentemente de materias primas naturales como el algodón, el lino, y evitar las mezclas con nylon, poliester, poliamida
  9. Desarrollar tu estilo propio de vestir y dejar de lado las modas

 

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