¿Qué relación hay entre el amor y la comida?

Acabo de leer un post maravilloso que resume exactamente lo que iba a escribir yo sobre la adicción a la comida. La adicción a la comida es lo mismo que la adicción a la bebida en realidad. Es una búsqueda de amor.

La adicción es una búsqueda espiritual. Todos somos adictos, en el sentido de que todos buscamos amor,  a Dios, aceptación, en todos los sitios en donde nunca está: en el éxito, la fama, la riqueza, el poder, incluso a través de la iluminación. Solemos buscamos amor fuera de nosotros, ignorando el amor que ya somos. Buscamos nuestra unidad en el futuro, a través de objetos, sustancias, gente. Buscamos amor en el fondo de una copa de vino, en un estado de cuenta bancario, en los ojos de nuestro maestro o nuestros padres.

Os invito a leer dos fuentes que pueden ayudar a poner luz o conciencia sobre nuestra vida diaria y cómo nos relacionamos con la comida y la bebida.

  1. post sobre la adicción a la bebida: aquí del libro ‘The Deepest Acceptance’, de Jeff Foster
  2. el libro “Cuando la comida es más que comida” de Gennen Roth. Podéis encontrar más información en la web

“- No tengo hambre, pero quiero tener. Quiero comer de todos modos.

– ¿Por qué?

– Porque tiene buen aspecto y lo tengo delante de mis narices. Es el mejor consuelo de la ciudad. ¿qué hay de malo en buscar consuelo en la comida?

– Nada en absoluto. La comida es buena y el consuelo también lo es. El único problema es que cuando no tenemos hambre y lo que deseas es consuelo, la comida no es más que un alivio pasajero ¿por qué no ir directamente a la causa de tu malestar?

– Es demasiado duro afrontar las cosas directamente, demasiado doloroso… al menos me queda la comida

– Entonces, según tu, ¿lo mejor que puedes conseguir de esta vida es una sopa fría de verduras?

…. Me recuerda a las cenas en familia. Mi madre bebía, mi padre se ponía furioso y nadie hablaba. Era horrible.

– ¿Cómo te sentías en aquellos momentos?

– Sola, fatal, como si hubiera nacido en la familia equivocada. Quería huir, pero no tenía adonde ir, me sentía atrapada….

En el centro de esta herida – he sido abandonada y traicionada por alguien y lo que realmente importa y lo que me queda es la comida- es donde se encuentra el vínculo entre la comida y Dios. Marca el momento en que nos hemos dado por vencidas respecto a nosotras mismas, respecto al cambio, a la vida. Marca el lugar en el que sentimos miedo, los sentimientos que no nos permitimos sentir, y con ello nuestra vida se restringe y se vuelve yerma. En ese luar aislado estamos a un paso de la conclusión de que Dios -fuente de bondad, sanación y amor-nos ha abandonado, nos ha traicionado o se ha convertido en una versión sobrenatural de nuestros padres.

– ¿Te has rendido?…”

Estracto del prólogo del libro “Cuando la comida es más que comida”

“Lo invité, a modo de experimento, a QUEDARSE con la sensación de vacío en su pecho, que realmente la sintiera, que soltara cualquier etiqueta o juicio acerca de todo eso, que la contemplara como una expresión válida de la vida en ese preciso momento. Tal vez eso no tenía el significado que él había creído. Cuando se quedó quieto con esa energía, sintiendo exactamente lo había allí, se recordó siendo niño, sintiéndose solo, aislado y abandonado, y esa energía en su pecho sintiéndose como… ¡sí!… el anhelo por algo que no podía describir. El anhelo de… amor. Bueno, por supuesto, así era. No se trataba del deseo de beber vodka, para nada, se trataba de un anhelo malinterpretado, malentendido, el anhelo de recibir atención, aceptación, amor. Esta era la misma energía que él había sentido de pequeño y de la cual había intentado, de diferentes maneras, escapar, negar, ignorar, eliminar, aniquilar todo lo que tuviera que ver con ella. Primero lo hizo a través del trabajo, después, a través de la espiritualidad y ahora a través del alcohol, como último recurso. Su mente había sido infinitamente creativa. Esta energía jamás había sido vista de frente. Se había convertido en tabú. Se había ocultado en la oscuridad. Se trataba de un niño perdido de la consciencia.

Él había olvidado lo que realmente era. No era una “persona” separada, no era un “adicto”, sino el inmenso e ilimitado océano del Ser, en donde hasta esta pequeña ola estaba permitida. Esta energía no era la falta de vodka, era el anhelo de amor hecho manifiesto. Y jamás había sido reconocida completamente. ¡Él estaba tan ocupado buscando amor (dinero, iluminación, vodka) fuera de sí mismo, que había pasado por alto su verdadero anhelo! El pequeño niño solitario jamás había sido tomado en cuenta, validado, amado. ¿Quién acogería realmente a este niño solo? ¿Tendría que esperar toda su vida un amor que jamás llegaría? ¿Tendría que esperar encontrar algún padre cósmico? ¿Un segundo vientre materno? ¿Podría el vodka entregar ese amor al niño? Por supuesto que no. El vodka no tiene absolutamente ningún poder. Era tan sólo un emperador sin vestimenta. Era el Mago de Oz, desenmascarado. El amor que él buscaba era el profundo abrazo a este niño solitario, exactamente como era, y no su aniquilación. Anhelaba aceptación, no genocidio. En otras palabras, él siempre había estado esperando la profunda aceptación de esa extraña e incómoda energía en su pecho. Ahora era un muy buen momento para empezar a darse a sí mismo lo que siempre había anhelado.

Lo invité a quedarse y quedarse y quedarse con esa energía y yo me quedé con él ahí. Nos sentamos juntos con su pequeño niño no amado, ofreciendo paz, calidez y atención a un aspecto de la experiencia anteriormente negado, desatendido. Esto era algo que el vodka nunca pudo darle y nunca podría hacerlo. Huir de esta energía y salir corriendo por un vodka nunca resolvió realmente el problema. Él simplemente no había aprendido nunca a cómo quedarse quieto. Cómo permanecer consigo mismo. Cómo reunirse con la vida, sin miedo. Empezamos de nuevo.

Al enfrentar la energía antes ignorada, con atención y presencia, la luz impregnó la oscuridad, por así decirlo. Y comprobamos que nunca había habido ninguna oscuridad desde un principio. Esta energía no era falta de amor. No se trataba de una energía mala, no era el diablo, no era tampoco un “mal” aspecto de la experiencia, no era la ausencia de vida. Era la invitación a amar aquello que nunca antes había sido amado. Era un llamado a recordar lo que él era realmente – el inmenso e ilimitado océano de conciencia, ya completo, jamás necesitado de algo que viniera a completarlo. Entonces, ese sentido de “carencia” fue tragado por el amor aquí, dándonos cuenta de que ni siquiera se trataba de una carencia.

Con el sólo hecho de estar con este hombre, exactamente como estaba, tomando su mano mientras confrontaba su profundo sentido de carencia, con esa fragmentación primaria que constituye la raíz de todo el sufrimiento humano, yo estaba comunicándole algo más allá de las palabras – que él estaba perfectamente bien, tal y como estaba en ese momento. Que estaba a salvo en un lugar donde jamás se había sentido bien. Que estaba a salvo en ese indescriptible, privado e incluso vergonzoso lugar. Que él era digno de amor, incluso sin la ayuda del vodka. ¡Qué revelación! Su experiencia presente podía ser exactamente como era. La cruda sensación de la vida. Pensamientos emergiendo diciéndole, exigiéndole, obligándole a beber para encontrar el amor (la mentira original). La imagen a todo color del feliz bebedor, ahogando sus penas en el vodka… ¡Anda, sólo un trago! ¡Es tan tentador! ¡Sólo un sorbo y estarás en el cielo!… También esos pensamientos estaban siendo admitidos ahí. Todos ellos eran sólo imágenes. Imágenes y sensaciones. Y lo que él era, era realmente suficiente para admitir todo eso. El sueño del vodka era sólo una pequeña ola dentro de su propia inmensidad. El vodka no podría mejorar ni un ápice su experiencia presente. No podría brindarle más VIDA. No es mágico, ni tiene maná. Que decepción. Y también, ¡qué libertad!”

Extracto  del libro ‘The Deepest Acceptance’, de Jeff Foster traducido por Tarsila Murguía.

 

 

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