Quirón y el pecado original

Doy las gracias a Alejandro Lodi por darme permiso a usar un gran articulo suyo para el desarrollo de mi tema. Esta es la Fuente  inspiradora: https://alejandrolodi.wordpress.com/2010/03/09/resiliencia-y-quiron-astrologico/

Le doy gracias también por ser un experto astrólogo y explicarlo todo tan bien. Escribe de maravilla. Os recomiendo que visitéis su blog: https://alejandrolodi.wordpress.com/

En este escrito me centro en los conceptos psicológicos humanos que conozco mejor por mi experiencia como musicoterapeuta y coach de salud, recogiendo los aspectos mitológicos que expone Alejandro y dejo de lado los temas astrológicos. También me centro en la tradición cultural europea que engloba la mitología griega, la religión cristiana y el endamiaje de la forma de pensar europea. Muy diferente del sustrato cultural oriental, especialmente el hindú.

O sea, que hablaremos de sufrimiento por falta de amor, resiliencia y cómo puede un terapeuta ayudar a sus pacientes-clientes, o como uno puede ayudarse a si mismo dándose cuenta.

Se ha hablado e investigado mucho (Boris Cyrulnik, Victor Frankl, Carl Rogers, Abraham Maslow… ) sobre la resiliencia humana, y sorprendentemente con unos resultados científicamente muy poco definitivos. ¿Por qué hay humanos que se sobreponen al dolor (situaciones dramáticas) y otros no? ¿De dónde viene este dolor? ¿Dónde me lleva este dolor?

En la mitología griega, el “sufrimiento” humano se relaciona con el límite que frustra nuestros anhelos de felicidad, la conciencia de finitud y su consecuente herida. Más allà del sufrimiento luego aparece la búsqueda del sentido y trascendencia del mismo. Se cambia la realidad, para ver un nivel distinto al humano y próximo a lo divino, una dimensión más allá de los límites temporales que disuelve y redime el dolor propio de la vivencia de lo físico/emocional del pasado que arrastramos al aquí y ahora.

Aparece también un personaje que tiene como tema central el dolor de lo humano y el misterio de la curación: Quirón.

El término «resiliencia» proviene del campo de la física y se refiere a la capacidad de los materiales para volver a su forma original luego de que algún impacto exterior los forzara a deformarse.

Aplicado al comportamiento humano, este concepto es utilizado para describir la posibilidad de superar unos sucesos dolorosos y/o trágicos de la vida convirtiéndolos en oportunidades para la maduración y el despliegue de un sentido más pleno de la propia existencia. Esta conclusión surge de la observación e investigación de individuos (I y II Guerra Mundial especialmente, o abusos) que fueron sometidos en su infancia a los hechos más traumáticos y que, no obstante, luego supieron desarrollarse como sujetos maduros capaces de “adaptarse” a la sociedad y desplegar sus talentos. Algunos investigadores sugieren que precisamente el hecho de tener que atravesar la adversidad es lo que posibilitó actualizar ese potencial de resiliencia, de forma que las experiencias de sufrimiento extremo se presentan como una oportunidad.

Es decir, la resiliencia no es sólo la capacidad de enfrentarse a adversidades y saber sobreponerse a situaciones difíciles, sino salir fortalecidos por el contacto con talentos (o amor y perdón). En este sentido, no se trata de volver al estado original previo al acontecimiento, ni olvidar o bloquear el contacto con la herida. Al contrario, se trata de no interrumpir el desarrollo evolutivo y despertar un talento atravesando la crisis que suscita el trauma, transformándolo en el activador de un potencial.

Según parece, los especialistas en resiliencia también coinciden en no presentarla como un especial atributo de seres excepcionales, sino como una función específica dentro del sistema psíquico humano: la capacidad de adoptar una forma saludable y operativa en el mundo cuando se es forzado a deformarse por acción de circunstancias exteriores. Algunos expertos dicen que es claro que esta función puede estar más o menos desarrollada en el individuo, y para que se dé una u otra variante resulta clave también la actuación de otros. Según dicen los especialistas, una característica esencial de la resiliencia es que se trata de una capacidad tanto individual como social, de modo que su inhibición o estímulo no depende tanto de la disposición personal como de la interacción vincular. Parece que fundamentalmente la resiliencia activa recursos internos gracias a la participación positiva de los otros.

Esto lleva a poner de relieve el amor como elemento clave para la emergencia de la resiliencia. Es por eso que se subraya la importancia de la presencia de un adulto significativo que estimule las posibilidades de resiliencia en el momento en que el niño atraviesa la crisis traumática. En el caso de adultos podríamos hablar de la necesidad de un otro significativo que sirva de agente para la resiliencia, entre las que figuran el humor, la creatividad, la introspección, la iniciativa, la moralidad y la autoestima.

¿Por qué hablo de Quirón y el pecado original?

Porqué a mi modo de entender, las historias pueden contarse desde diferentes puntos de vista. Y gran parte del sistema del imaginario colectivo europeo está basado en el pecado original bíblico, es decir, en que Adán y Eva, los dos primeros hijos de la historia cristiana cometieron el error de enfrentarse a Dios (el padre) y fueron castigados por ello. Y Dios se enfadó tanto que TODA su descendència sigue pagando por ese error llamado terriblemente “pecado”. Es decir, que los hijos siempre estamos en falso visto desde el punto de vista del padre (autoridad). ¡Pues vaya gracia! ¿Y los padres no fallan nunca?

De aquí la importancia de la aparición de Quirón. Quirón se asocia al sanador herido. Yo lo veo como la perspectiva del dolor desde el punto de vista de hijo. Su símbolo alude a una sabiduría profunda acerca del dolor, a un conocimiento tan íntimo del sufrimiento que termina transformándose en talento curativo. Es decir, Quirón hace referencia a una herida siempre abierta en nosotros-hijos que permite desarrollar compasión por aquellos que la sufren y acompañar su sanación. Quirón combina comprensión y dolor, sabiduría y compasión. Sabemos acerca de ese sufrimiento porque nos duele a nosotros mismos, porque estamos presentes en ese dolor, no necesariamente porque lo hayamos superado y cerrado en el pasado.

Porqué cuando alguien “sufre” se puede quedar en la queja, en su papel de víctima, para así llamar la “atención-amor” de otros, con lo cual deja de ser víctima para pasar a ser ladrón de atención-amor.

O bien, puede trascender la herida para sanarla.

La realidad es que los hijos siempre quieren sentirse queridos por sus padres. Si no sienten este amor, existe rechazo y dolor.

De esta manera, aquel dolor teóricamente “sin sentido” (¿por qué me ha tocado a mí?) va conviertíendose con la maduración en una dimensión más profunda y compassiva hacia el dolor de los otros.

¿De dónde viene esta idea? Veamos su historia. En la mitología griega, Quirón es hijo de una relación de Cronos (Saturno) con Fílira. La atracción de Cronos por Fílira es básicamente instintiva, tanto que copulan adoptando forma animal: la de caballos. Es por eso que el fruto de esa relación es un centauro. Quirón es el primer centauro, un ser, en ese momento considerado horrendo, por ser mitad humano, mitad caballo. Su padre no lo reconoce y su madre lo rechaza, no sólo por ser fruto de una relación no deseada, sino porque su aspecto es monstruoso. (Luego el renacimiento y más tarde Disney y después de Fantasía, los centauros ya no se consideran monstruosos.)

Aparece así en el hijo la sensación de rechazo de los padres, especialmente cuando más necesitamos ser reconocidos como seres queridos. La misma historia de Adán y Eva. El rechazo. Sin embargo, Quirón hace referencia al sentimiento de exclusión, en este caso, de ser rechazados por una diferencia estigmatizante de la que en absoluto es responsable. Desde este rechazo se genera el sentimiento de carecer de la gracia que otros disfrutan, que dificulta situarse en la vida. Es por esto que Howard Sasportas vincula a Quirón con una sensación de discapacidad, que puede ser tanto física, psicológica como espiritual, y que incluso puede resultar explícita y presentarse bajo la forma de enfermedad, patología o sucesos accidentales de destino.

Aquí, desde el punto de vista del hijo/a puede ver el rechazo en, por ejemplo, desde una mirada crítica del padre o madre, menos abrazos que a otros hijos, despecio, hasta insultos, malos tratos, abusos y abandono real.

Y es cuando el hijo puede trascender ese “abandono” o “rechazo” de los padres, o sea perdonarlos cuando puede sanar, tanto a sí mismo como a sus familiares, amigos, pacientes, colegas, …

Teniendo en cuenta que en Europa ha habido dos guerras mundiales, más la Guerra Civil española, hay muchas penurias, mucho abuso y rechazo acumulado en las almas y en las familias.

Es de suma importancia tener en cuenta que hay una norma básica que debemos seguir en los sistemas familiares. Si esta norma no se respeta puede crear muchas alteraciones. Simplemente debemos seguir un orden amoroso:  los miembros más antiguos del sistema son los que aman, cuidan, nutren, protegen y se responsabilizan de los pequeños.

A mi me da la sensación que los pacientes de la tercera edad que llevo años tratando con musicoterapia en el geriátrico y que presentan demencias o Alzheimer, en realidad, están exponiendo esa herida primigenia de falta de amor. A pesar de todos mis conocimientos sobre psicología, música, musicoterápia, arteterapia, pnl, etc… lo único que realmente parece que les alivia y les reconforta es sentirse conectados con esa fuente de amor incondicional. Todos los conocimientos y actividades desarrolladas son solamente un medio.

Tal como dice Osho: “Un buen terapeuta tiene que ser inmensamente compasivo, porque no son sus técnicas de terapia lo que cura, es su amor.

No hay nada comparado al amor, cuando se trata de curar las heridas de un ser humano. Las técnicas pueden ser útiles como apoyo, pero lo básico es un corazón amoroso.”

4 Comentarios

Cristina Mompeat Responder

Qué rico todo lo que haces Gisela, lo que tus manos tocan se convierte en manjares delicados, exquisitos y nutritivos. Tus consejos, tu cocina, tu atención plena, tu coherencia, hacen que tus galletas, pasteles, tartas… sean una medicina para el cuerpo y una alegría para los sentidos. Gracias!

Alejandro Responder

Y felicitaciones por la nota…

    Gisela Responder

    Gracias a ti!

Alejandro Responder

Muy agradecido. Disfrutar las exquisiteces de Gisela suma otro buen motivo para retornar a Barcelona pronto. Abrazo de corazón.

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